El pie diabético requiere una atención específica y constante. La diabetes puede afectar la sensibilidad, la circulación y la capacidad de cicatrización de los pies, lo que incrementa el riesgo de lesiones, infecciones y úlceras. En nuestra clínica, nos especializamos en el abordaje integral del pie diabético, combinando prevención, tratamiento y educación al paciente.
Realizamos valoraciones periódicas, controlamos la integridad de la piel, las uñas y el estado vascular, e intervenimos de forma precoz ante cualquier signo de riesgo. Aplicamos protocolos rigurosos de desinfección y utilizamos material estéril en todas nuestras actuaciones. Además, asesoramos sobre el calzado adecuado y los hábitos de cuidado diario más recomendables.
Nuestro objetivo es ayudarte a preservar tu autonomía, evitar complicaciones y mejorar tu calidad de vida con la tranquilidad de estar en manos expertas.
Es una complicación de la diabetes que afecta a la salud de los pies, provocando pérdida de sensibilidad, mala circulación y mayor riesgo de heridas, infecciones o úlceras.
Porque pequeñas heridas o roces pueden pasar desapercibidos por la pérdida de sensibilidad y, si no se tratan a tiempo, pueden agravarse y convertirse en lesiones graves.
Lo ideal es realizar una revisión podológica cada 1 o 2 meses, aunque la frecuencia puede variar según tu situación y el riesgo que presentes.
Incluye revisión del estado del pie, control de durezas y uñas, prevención de lesiones, tratamiento de heridas si las hay y recomendaciones personalizadas para el cuidado diario y el calzado.
No. Todos los cuidados se realizan de forma profesional, indolora y con instrumental estéril, respetando la sensibilidad del paciente.
Sí. La prevención es la clave. Con revisiones periódicas, control podológico y un buen cuidado en casa, es posible evitar complicaciones como úlceras o infecciones.
Debe ser cómodo, sin costuras internas, con buena sujeción, transpirable y adaptado a la forma de tu pie. En consulta te ayudamos a elegir el más adecuado.
Enrojecimiento, hinchazón, heridas que no cicatrizan, zonas calientes o frías, cambios de color en la piel o sensación de hormigueo. No esperes: cuanto antes se actúe, mejor.